En el Día de San Antonio, hace 40 años,
nació a la vida eterna mi bisabuelo Papa Lano
Pocos días antes de que mis
padres me engendraran, el 13 de junio de 1986, Día de San Antonio, fue llamado
por Dios mi bisabuelo por parte de mi abuela paterna, Maximiliano Castillo
Rivera. Este sábado 13 de junio de 2026, hace 40 años.
El día en que comenzó su
camino
El primer capítulo de su historia
se inició en Mixco, cuando vio la luz primera el 20 de agosto de 1904, Día de
San Bernardo, por lo que mi bisabuela lo molestaba nombrándolo “Bernardo
Maximiliano”.
Fue hijo de María Rafaela Castillo Bran y de Cornelio Francisco Rivera González. Ocho días después de su nacimiento fue llevado a la pila del bautismo de la parroquia del pueblo, y fue su madrina, su tía Francisca de Jesús Castillo Angel de Líquez.
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| Mamá Rafa y Papá Chicho |
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| Francisca de Jesús Castillo Ángel de Líquez, madrina de mi bisabuelo, prima segunda de mi tatarabuela Mamá Rafa |
Los nombres y las historias que heredó de Mamá Rafa
Su nombre le fue puesto por mi
Mamá Rafa, quien era aficionada a la historia mexicana y uno de los nombres más
populares dentro de la historia del país vecino es, sin duda, el de Maximiliano
de Habsburgo, único emperador del Segundo Imperio Mexicano. Por eso también a
algunos de mis tíos bisabuelos les colocó nombres dentro del mismo contexto:
Porfirio, en referencia al militar y dictador, presidente de México, Porfirio
Díaz; y Virginia, seguramente por la famosa actriz de teatro de esa época
Virginia Fábregas, de quien hay noticias de que se presentó en varias ocasiones
acá en Guatemala con su compañía teatral, siendo la primera en 1910, y mi tía
Virginia nació en 1911.
La familia de la que venía
Papa Lano
En aquellos años, la vida
familiar seguía caminos que no siempre quedaban reflejados en los registros ni
se ajustaban por completo a las normas de su tiempo. No era raro que una misma
persona dejara raíces en más de un hogar, mientras que los vínculos y las
responsabilidades se definían tanto por los afectos como por las
circunstancias. Según la memoria transmitida de generación en generación, Mamá
Rafa eligió que sus hijos caminaran con su propio nombre, sin que Papá Chico
—cuyo destino también estaba ligado a otro hogar— los reconociera legalmente, por ello llevaban primero el apellido materno, y de segundo el paterno, que era lo que se acostumbraba por aquellos años.
Sin embargo, aquella decisión
nunca se tradujo en distancias ni resentimientos entre los hijos de uno y otro
lado de la familia; por el contrario, el recuerdo familiar conserva la imagen
de una fraternidad que supo reconocerse más allá de los apellidos y de las
formalidades de la época.
Los hermanos que compartieron
su tiempo
Cabe señalar que Mamá Rafa ya
tenía dos hijos antes de que ella y Papá Chico comenzaran a construir su
familia. Por lo tanto, la cantidad de hermanos que tuvo mi bisabuelo
Maximiliano era extensa.
Los hijos de Mamá Rafa y
Marcial Ruano
(De quien no he encontrado más
que su nombre y que fue conocido por tradición oral)
- Francisco Castillo Ruano, 11 de julio de 1896 - 8
de diciembre de 1913.
Fue el único nieto que conoció mi
4.º abuelo Francisco Xavier Castillo.
El primogénito de mi tatarabuela
Rafaela, como puede verse, murió muy joven. En su partida de defunción se
revela que tristemente fue asesinado con arma de fuego, a la edad de diecisiete
años.
- Enriqueta Castillo Ruano, 27 de marzo de 1901 – 18
de marzo de 1952.
Unió su vida a la de José Enrique
González Vega.
Los hijos de Mamá Rafa y Papá
Chico
- Mi bisabuelo Maximiliano era el mayor.
- José Rodrigo, 21 de septiembre de 1905 – 15 de
noviembre de 1906.
- Porfirio, 19 de mayo de 1907 – 20 de mayo de 1958.
Contrajo nupcias con Ernestina
Álvarez Borrayo.
- José Gilberto, 20 de enero de 1909 – 25 de enero de
1970.
Formó una familia junto a Gudelia
Hermelinda González Córdova.
- Virginia del Tránsito, 9 de agosto de 1911 – 30 de
junio de 1978.
Unió su vida a la de José Gustavo
de Jesús Rivera Paiz.
- Celso Ezequiel, 6 de abril de 1915 – 23 de abril de
1970.
Contrajo nupcias con María
Rogelia Santos Córdova.
Los hijos de Papá Chico y
María Josefa Mansilla
- Francisco Salomón, 1 de abril de 1897 – 8 de
diciembre de 1897.
- Eduardo de Jesús, 13 de octubre de 1898 – 19 de
agosto de 1928.
- Julio Fernando, 5 de junio de 1901 – 27 de agosto
de 1952.
- Francisca de la Cruz, 14 de septiembre de 1903 – 19
de octubre de 1974.
Unió su vida a la de Narciso
Gómez Castillo.
- María Olivia, 3 de junio de 1905 – 7 de junio de
1905.
- Refugio Matilde, 3 de junio de 1906 – 28 de marzo
de 1974.
- María Ester, 8 de diciembre de 1908 – 22 de mayo de
1914.
- María Mercedes, 13 de septiembre de 1910 – 9 de
agosto de 1913.
- Angela Olivia, 1 de agosto de 1912 – 15 de agosto
de 1912.
- Rafael Gregorio, 25 de mayo de 1914 – 4 de
septiembre de 1996.
Unió su vida a la de Graciela
Matea Rivera Córdova. Rafael fue el último de todos en ser llamado por Dios.
- Jovita Herlinda, marzo de 1917 – 28 de julio de
1974.
- Francisco Trinidad, 20 de junio de 1919 – 5 de febrero de 1921
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| Papá Chico rodeado de varios de sus hijos, Papá Lano en el extremo izquierdo |
El hombre trabajador que fue
mi bisabuelo
Papa Lano fue de profesión
oficinista, laborando por varios años en la Municipalidad de Mixco, como
Oficinista I de Secretaría. También se instruyó en el arte de la carpintería,
siendo su guía don Antonio Flores Díaz. Además, se desempeñó como tesorero del
consorcio de transportes Morena, los buses que por muchos años transportaron a
los mixqueños hacia la Ciudad de Guatemala.
El hogar que construyó con mi bisabuela Mamá Lita
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| Mis bisabuelos, aún de novios, en un día de campo en la aldea El Campanero, junto a primos y amigos |
Unió su vida en sagrado matrimonio en Mixco, el día 10 de diciembre de 1932, a la de mi bisabuela Raquel Angelina Castro Cordón, quien nació en la Ciudad de Guatemala, el 20 de diciembre de 1910, hija del mixqueño José Manuel María Castro Chinchilla y de María Raquel Cordón Fuentes.
Del enlace Castillo Castro nacieron los siguientes hijos: Luisa Arminda; Lidia Yolanda, mi abuela, quien posteriormente fue de Dysli al casarse con Iván Eric Dysli Quevedo; Rafael Ernesto, quien contrajo nupcias con Sara Dolores Mansilla Borrayo; y Blanca Luz, quien murió de muy corta edad.
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| Con mi tía Minda |
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| Con mi abuelita Mamá Yoli |
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| Con mi tío Canche |
Así lo recuerdan quienes lo conocieron
Papa Lano, o don Chilano como le
decían en Mixco, es descrito de la misma manera por quienes lo conocieron: un
hombre sereno, de palabra justa y ánimo pacífico, cuya presencia parecía
aquietar el ruido del mundo que lo rodeaba.
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| Con su esposa, suegra, cuñada, hijos y sobrinos |
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| Acá en un paseo familiar con sus hijos, esposa, suegra, yerno, nuera, sobrinos, nietos y algunos amigos |
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| Probablemente en Tiquisate donde trabajó, es el cuarto de izquierda a derecha, el tercero probablemente es José Benito Rodríguez Carillo, quien era su primo segundo |
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| Como mayordomo de la Cofradía de Morenos del periodo 1956-1957 |
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| Con su esposa y sus hijos |
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| Con su primer nieto, mi papá, Eric Ernesto Dysli Castillo |
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| También con mi papá, en brazos de mi Mamá Lita |
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| Disfrutando con su nieto |
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| Para sus bodas de oro |
Apenas nos separaron nueve meses
La vida lo premió conociendo
nietos y bisnietos, viendo cómo la familia continuaba creciendo a su alrededor.
Yo quedé a las puertas de ese encuentro: nací nueve meses después de su
partida, como si nuestras vidas hubieran rozado apenas el mismo instante sin
llegar a coincidir.
Mi homenaje al bisabuelo que
casi conocí
Aunque el tiempo no nos permitió
coincidir, su recuerdo siempre ha estado presente en mi vida, transmitido con
cariño por quienes lo conocieron y lo quisieron. De tanto escuchar hablar de
él, su nombre dejó de ser una referencia lejana para convertirse en una
presencia familiar y cercana.
Sea este un homenaje a la memoria
de mi bisabuelo que casi conocí.
Lo que sus pasos dejaron en
los nuestros
Al escribir sobre su vida,
comprendo que conocer a quienes nos precedieron es también una forma de
conocernos a nosotros mismos. En sus decisiones, en su carácter y en la huella
que dejó en su familia se encuentran parte de las raíces que nos sostienen.
Su historia no terminó con su
partida; continúa, de muchas maneras, en quienes llevamos su sangre,
conservamos su memoria y procuramos que su legado siga vivo.
Porque mientras alguien recuerde
su nombre y cuente su historia, una parte de él seguirá caminando entre
nosotros.
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