domingo, 14 de abril de 2013

Similitudes y diferencias entre la novela y el cuento (y III)

Y con esta parte termino mi ensayo sobre estos dos géneros narrativos. ¿Cuál les gusta más a ustedes?

Concluyamos entonces en que las diferencias entre la novela y el cuento no están en  –como muchos creen– una simple cuestión de extensión. Muchos dicen que el cuento es una novela acortada o viceversa. Aplicando esto a cualquier cuento o cualquier novela, cualquiera de los dos perdería su sentido. Alargando un cuento significaría la anulación de cualidades tan peculiares de un cuento, como son la intensidad, la fuerza emocional, la explosión que en cada una de sus líneas se produce. El escritor de cuentos en cada espacio que ocupa cada letra en su relato, va insertando un cartucho de dinamita, el lector a la hora de ir pasando en cada una de esas letras va prendiendo fuego con sus ojos y provoca una gran explosión que el cuentista preparó. Acortar una novela para convertirla en cuento es simplemente algo que ni merece ser comentado, es simplemente imposible.

El cuentista no puede utilizar recursos normales en una novela. Suspender una acción e introducir otra y retomar la otra después de muchas páginas; desorientar al lector en cuanto a la conducta de los personajes y abordar por medio de diálogos u otros recursos la psicología de los personajes; introducir más de dos personajes funcionales; hacer descripciones retardarias, etc. Vemos entonces la dificulta del cuento. En un espacio reducido debe inyectar intensidad, fuerza emotiva, fuerza poética; debe tratar temas sencillos y apasionantes a la vez; tiene al tiempo más como límite que como libertad; debe producir un estallido mientras se lee; al final debe presentar una sorpresa a fin de que ese estallido concluya de mejor manera, etc.  

En cuanto a similitudes se refiere, podemos concluir que tanto la novela como el cuento pertenecen al género narrativo, están escritos en prosa. Ambos géneros se valen de recursos narrativos, como narrador en tercera persona, en primera persona, narrador omnisciente, etc. Ambos se sirven de estructuras en forma de diálogo, de monólogo interior, de descripciones. Los dos géneros cumplen con las principales funciones de la literatura, arte por el arte y literatura comprometida.

Como se puede ver las similitudes son muy pocas y ambos géneros son totalmente separables. Para finalizar podemos decir que el cuento causa un solo efecto, un gran efecto. La novela causa varios pequeños efectos. De ahí que el cuento se debe leer de una sola sentada y la novela en varias; que el cuento es fotografía y la novela es filme; que el cuento es un estudio y la novela es una sinfonía. Ambas tienen un fin, impactar al lector, y así, la novela la hace por puntos, y el cuento por knock-out


sábado, 13 de abril de 2013

Similitudes y diferencias entre la novela y el cuento (II)

Continua este pequeño y diletante análisis de la novela y el cuento. Antes de publicar la primera parte como esta segunda, al releerlo voy haciendo enmiendas, pues con el tiempo, o se cambia de opinión o se adquieren más conocimientos. 


A manera de intercalar las similitudes y diferencias entre cuento y novela trataré ahora un par de similitudes. Una de ellas estriba en los temas y funciones que desarrollan. No hay restricciones en cuanto a que un cuento no puede ser arte por el arte y una novela no puede tener un tinte de denuncia o viceversa. Ni tampoco las hay de que una novela no puede tratar temas sociales, políticos ni económicos, ni que el cuento tampoco lo pueda. Otra de ellas es la forma de narrar de ambos géneros. Ambos están claramente en prosa –aunque hay excepciones como Eugenio Oneguin de Pushkin, novela escrita en verso. Cuentos en verso pues los hay mucho más, pero basta con que citemos aquel inolvidable del príncipe de las letras castellanas que inicia: “Margarita está linda la mar, / y el viento, / lleva esencia sutil de azahar;”-. Pueden narrar en tercera persona, en primera persona, utilizan estructuras en forma de diario o de memoria, se valen del diálogo, del monólogo interior, de las descripciones, etc., ambas se valen de estás mismas técnicas. Pero claro, es sólo una similitud, ya que en un cuento no da tiempo de incluir personajes funcionales con presentación minuciosa, descripciones retardatorias, ni diálogos extensos y vagos, etc.  

Entremos ahora en características de la novela que nos hagan posible llegar a una definición más o menos acertada. Cito a María del Carmen Bobes Naves quien en su libro titulado: La Novela cita a E. Muir, quien nos dice: “la novela es la manifestación más compleja y amorfa de la literatura y estas dos circunstancias son un obstáculo grave para alcanzar una definición clara y completa.” Es por ello que haremos el intento.

Nos ha quedado claro la extensión de la novela, es mucho más larga que el cuento. Esta es la  causa de que la novela pueda albergar muchos más recursos literarios. Trataré algunos de ellos. Acá incluiré una otra equiparación muy parecida a una que hace Baquero al final de su libro Qué es el cuento, pero con una transformación mía.

La novela es como una Sinfonía de G. Mahler y el cuento es como un estudio de F. Chopin. Para los que gustan de música académica no será muy difícil notar está comparación. Tomemos entonces la Sinfonía No. 1 de Mahler. Consta de cuatro movimientos y alcanza una duración total de más de cincuenta minutos. En su último movimiento participan todos los instrumentos de la orquesta. De Chopin tomemos el estudio Op. 10 No. 4. Es una obra para piano solo, dura aproximadamente dos minutos. Un estudio es una composición musical corta, destinada a practicar la habilidad y la técnica en un instrumento solista. Chopin fue uno de los más grandes escritores de estudios de su época. En cada uno de ellos, como en este Op. 10 No. 4, el despliegue de técnica es explosivo de principio a fin.

Mencioné que la novela gracias a su mayor extensión hace uso de  mayor cantidad de recursos literarios. En la sinfonía de Mahler los instrumentos entre ellos mantienen un diálogo tan complejo, solo igualable al tipo de diálogo que en la novela encontramos. El diálogo en la novela es un recurso muy poderoso. Para esclarecer esto de mejor manera citaré a Eichenbaum:

“(...) se caracteriza por el generoso empleo de descripciones, retratos psicológicos y diálogos. A veces estos diálogos se presentan como una simple conversación que dibuja el retrato de los personajes a través de sus réplicas, o que constituye una forma velada de narración y, por tanto, sin carácter “escénico”. Pero a veces esos diálogos adoptan una forma puramente dramática y tienen como función hacer avanzar la acción más que caracterizar a los personajes por sus réplicas. Se convierten, de esta manera, en el elemento fundamental de la construcción. La novela rompe con la forma narrativa y llega a ser una combinación de diálogos escénicos y de indicaciones detalladas que comentan el decorado, los gestos, la entonación, etc.” 

Otro aspecto importante de destacar en cuanto a esta equiparación es un aspecto que ambas artes comparten, literatura y música, en específico sinfonía y novela. Me refiero al aspecto polifónico. Polifonía que etimológicamente viene del griego pulofonia quiere decir mucha voz. En música, polifonía es un conjunto de sonidos simultáneos, que contienen su propia expresividad musical, conservando su independencia, y con los demás forman un solo tono armónico. Y es que en la novela hay mucho de polifónico. Poco fuera que la parte 1.4 del libro titulado La Novela  de María del Carmen Bobes Naves se titula: El discurso polifónico de la Novela.  Destacan en este apartado los aspectos que formula acerca del discurso de la novela:

a)      la narración costumbrista, que se interesa por el tipismo lingüístico;
b)      la posibilidad de dosificar la información, a través, de indicios verbales, sobre todo en las novelas de aventuras, en las policíacas, etc., y
c)       los elementos dramáticos de la novela, en cuanto se manifiestan en los diálogos de los personajes, lo que da lugar al estudio de los monólogos, de los diálogos, interiores y exteriores, de los llamados estilos directo, indirecto, indirecto libre, etc.

En el discurso de la novela se integran varias voces, las voces de todos los personajes minuciosamente presentados y descritos, cada uno con su propia visión de mundo, su propia manera de ver las cosas. Cada una de estas voces, van convirtiéndose en la voz del narrador quien tiene que ser el artista unificador de esa polifonía en un solo tono armónico. Según Bobes esto ocurre en toda expresión literaria o no literaria, en el texto lírico y en el dramático, pero la novela potencia las posibilidades del lenguaje en este aspecto convirtiéndolo en una técnica literaria propia de su discurso.

En una sinfonía hay un tema principal, luego se suspende y se dan algunas variaciones del tema, u otros temas y luego regresa al tema principal. Al igual que en la novela está desarrollando una acción se introduce otra y vuelve a aquella al cabo de muchas páginas. Esto nos supone que en una novela pueden narrarse una, dos, tres, varias historias. Al contrario del cuento, habrán algunos donde sí se narren dos historias, pero o son muy parecidas o le dan cierto apoyo a la historia principal, como en el caso del cuento de J.L. Borges, “Los dos reyes y los dos laberintos”.  

El arte descriptivo en una novela da posibilidades de detener el tiempo o transformar los segundos en minutos de lectura, los instantes en prolongados análisis descriptivos. Menciona Baquero: “Recuérdese, en A la recherche du temps perdu de Proust, la descripción de aquel beso que el narrador da a Albertina, fugacísimo en su duración real, muy alargado en la literaria; como si el narrador lo hubiera sometido a un efecto cinematográfico de ralenti, de cámara lenta.” Si en un cuento se detiene el tiempo se pierde la esencia del mismo. Es como en la sinfonía y el estudio. En la sinfonía puede detenerse la participación melódica de todos los instrumentos y dejar a algunos cuantos haciendo un acompañamiento rítmico e introducir a un instrumento que interpreta una parte de significante dificultad o belleza, una cadencia, comparable  con la descripción detallista de la novela. Al contrario del estudio no se puede parar la intensidad en ninguna de la partes ya que no habría esa explosión característica, totalmente igual que en el cuento.

Busquemos ahora una definición de la novela tomando en cuenta las características arriba mencionadas y que nos ayuden a encontrar esas diferencias y similitudes con el cuento. Citaré para ello a Bobes: “La novela es un relato largo, en prosa, con discurso polifónico y recursivo. Estos rasgos la sitúan en relaciones de comunidad con otras formas de relato literario y no literario y la definen frente a creaciones literarias de otros géneros, dándole una especificidad dentro de la narrativa y dentro de  la literatura.” 


viernes, 12 de abril de 2013


Similitudes y diferencias entre la novela y el cuento


                Vieja e importante controversia es la que suscita este tema. Son la novela y el cuento dos géneros de gran riqueza literaria. La novela, en su acepción actual tiene ya más de  cuatro siglos de ser cultivada, fue en 1605 cuando vio la luz la primera parte del Quijote. El cuento es bastante más antiguo, gracias a su fácil forma de transmisión por el medio oral. El cuento llamado popular se remonta a tiempos inmemorables. Pero el cuento literario, propiamente dicho, no fue sino hasta en el siglo XIX que se empezó su cultivo. El siglo XIX es el gran siglo del cuento, solo con hacer mención de nombres tan significativos como los de Maupassant, Chejov, Edgar Allan Poe, etc. nos dan cuenta de ello.
La novela y el cuento se diferencian a primera vista por su extensión. El cuento es un relato corto, y la novela un relato largo –excluyamos acá a la novela corta, que por extensión es similar al cuento y en ocasiones más corta–. Pero a segunda, tercera vista, las diferencias son más y significativamente complejas. Y es que antes del siglo XIX el cuento era visto sin la importancia que merece. Valiéndose de su pequeña extensión se le juzgaba de no poder contener la belleza, intensidad, emoción que en la gran extensión de una novela es, a veces, más escasa. Veamos pues esas significativas diferencias y también similitudes que hay entre ambos géneros.
Se han hecho equiparaciones que nos dejan muy claro con tan solo una palabra o una expresión muy corta, lo que la novela es al cuento y viceversa. El gran Cortázar hizo dos de magistral manera:
 “En ese sentido, la novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que una película es en principio un “orden abierto”, novelesco, mientras que una fotografía lograda presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo utiliza estéticamente esa limitación.”   
Sabiendo interpretar esto de buena manera habremos entendido muy importantes  características de ambos géneros. El fotógrafo como el cuentista se ven limitados. En una sola imagen el fotógrafo debe impactar. En unas cuantas páginas el cuentista debe sorprender. En cambio el cineasta, como el novelista, puede ir acumulando esas impresiones para, al final de unas cuantas, causar una o varias sorpresas. El cineasta tiene minutos, horas de filme para causar impacto. El novelista tiene cientos, si quiere miles de páginas para causar sorpresa.  Y la otra equiparación, que no es tan conocida como la otra, pero que a mí me gusta más:
“Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por Knock-out.      
El boxeador noqueador como el cuentista se ven también limitados. Desde el primer asalto, el boxeador, si quiere sorprender, se ve obligado a noquear. Desde la primera línea, el cuentista, si quiere impactar, se ve obligado a inyectar intensidad. En cambio un boxeador debe combatir largo, como un novelista tienen menos limitación. Este boxeador tiene hasta doce asaltos para, a lo largo de ellos ganar por puntos. El novelista puede a lo largo de muchos capítulos, con muchas páginas cada uno,  ir sumando puntos para sorprender.  
Entonces, vistas estas contribuciones tan eficaces de Cortázar, de cierta manera se puede decir que la novela tiene un punto a su favor, ya que acá se suma a la lista de enemigos del cuento al TIEMPO. El tiempo visto desde el punto de vista del lector. En el momento de estar efectuándose la lectura, la primera línea de un cuento debe de tener elementos que hagan al cuento intenso de principio a fin, ya que solo se dispone de una sentada para leerlo, de media a dos horas, decía Poe. En cambio en la novela se pueden hacer pausas en la lectura y retomarla luego de un descanso. El lector podrá sentirse defraudado por el primer capítulo de una novela y al segundo sentirse muy atento. Es más en muchas, si no es que en todas las novelas, es necesario hacer esas pausas. Lo menciona el estudioso español especializado en el análisis de las formas narrativas, Mariano Baquero Goyanes:
“No siempre es la mejor novela la que se lee de un tirón –esto queda reservado para tantos vulgares y efímeros best-sellers– y, como el buen aficionado al género sabe, es grato suspender la lectura de una gran novela, para que pueda producirse así la necesaria sedimentación emocional durante las pausas. Éstas cumplen también su función estética, por más que no siempre tengamos conciencia de ello. Equivaldría a desvirtuar el efecto de novelas como Guerra y paz de Tolstoy, o Retrato de una dama de Henry James, el leerlas de un tirón. En cambio, un buen cuento, un relato de Clarín, de Chejov, de Borges, sí ha de leerse forzosamente de un tirón, ya que cualquier dilatada pausa estropearía el efecto emocional y estético de la narración.”
Al revisar con detenimiento lo antes citado de Cortázar, menciona Baquero, el cuento recibe ciertas características que son: condensación, instantaneidad, compacidad emocional y estética. Son estas características lo que hacen al cuento según Cortázar, “hermano místico de la poesía.” Y no son sólo Cortázar y Baquero los que han notado esto. Emilia Pardo Bazán, anota también en el prólogo de sus Cuentos de amor: “Noto particular analogía entre la concepción del cuento y de la poesía lírica: una y otra son rápidas como un chispazo y muy intensas –porque a ello obliga la brevedad, condición precisa del cuento–. Cuento original que no se concibe de súbito, no cuaja nunca.” Lo notó también Azorín al decir: “el cuento es a la prosa lo que el soneto al verso”.
 Para no desviarnos tanto de lo que nos compete que es cuento y novela cito a Alberto Moratavia: “Este encanto, el del cuento, es de una muy compleja especie: procede de un arte literario sin duda más puro, más esencial, más lírico, más concentrado y más absoluto que el de la novela.”

A todo lo discernido arriba, quiero concluir en la definición que hace Baquero del género cuento que engloba todo lo dicho: El cuento es un preciso género literario que sirve para expresar un tipo especial de emoción, de signo muy semejante a la poética, pero que no siendo apropiada para ser expuesta poéticamente, encarna en una forma narrativa próxima a la de la novela, pero diferente de ella en técnica e intención. Se trata pues de un género intermedio entre poesía y novela, apresador de un matiz semipoético, seminovelesco, que sólo es expresable en las dimensiones del cuento. 

domingo, 7 de abril de 2013

Observar las estrellas

Con el afán de que lean cosas que pueden serles de interés, inicio este sitio. Empezaré publicando algunos escritos de años anteriores. Esta vez comparto un ensayo escrito en el 2008, inspirado por el personaje de un cuento infantil, el príncipe Diez Conejos, quien gustaba de observar las estrellas.


Observar las estrellas

     Al igual que el príncipe diez conejos, desde niño siempre me ha gustado observar las estrellas. Pero, dónde reside el gusto por esta práctica, a qué se debe. Desde tiempos muy antiguos el hombre ha sentido gran placer al fijar su vista en la bóveda celeste. Existen datos de que en la antigua Mesopotamia, cuatro mil años antes de la era cristiana el hombre ya había trazado las primeras constelaciones. Pero tenían en estas disposiciones motivos fundamentalmente prácticos, por ejemplo, como ayuda para medir el tiempo y las estaciones y servir de orientación a navegantes y viajeros. Grandes civilizaciones de la antigüedad ponían también sus ojos en el cielo nocturno con fines prácticos, entre ellos los griegos, los chinos, los hindúes, los mayas, los incas, los aztecas y otros más.
     Cierta noche navegaba por el lago de Atitlán, me recosté y dirigí mi vista hacía el cielo, esa noche nunca la olvidaré, ese cielo nocturno fue el más hermoso que haya visto nunca. Pero al estar observando, absorto, me nacieron muchas preguntas como, ¿cuántas habrán? ¿A qué distancia estarán? ¿Cuál constelación será cuál? Pero también me surgieron otras, ¿Cuán grande será el Universo? ¿Seremos los únicos seres racionales en el Universo? ¿Seremos nosotros los racionales o los irracionales? ¿Qué hacemos acá? Y es que al observar las estrellas y saber que solo en nuestra galaxia, la Vía Láctea hay alrededor de 200 mil millones de estrellas, que están lejísimos y son enormes, no nos queda más que sentir un complejo de pequeñez.
       Desde hace muchos siglos, observar los astros y detenerse a pensar sobre ellos era una actividad muy seria y de gran utilidad, se creía que permitía adelantarse a los caprichos del destino, esto, aún hoy muchísima gente lo acepta.
       Nuestra psique tiene deseos, deseos de afecto, por ejemplo. Al igual que nuestra mente tiene deseos de pensar y de conocer. Es esa la razón de tantos viajes que han sido planteados en la literatura, en el cine, en la pantalla chica, todos con el mismo objetivo de conocer un lugar o algo nuevo. Esto ha llevado al hombre también a realizar con éxito los viajes al espacio.
     En la historia ha habido estrellas muy famosas. La estrella de David, uno de los símbolos de los judíos. La estrella de Belén, el astro que supuestamente guio a los reyes magos hacia el lugar donde nació Jesucristo. La estrella de la mañana,  antes de salir el sol, hay una estrella que, por ser más brillante que las otras, permanece aún durante el alba. Es la estrella de la mañana que anuncia el día; de esta manera el catolicismo simboliza a María como la estrella de la mañana que es la guía hacia Jesús.
     En la literatura las estrellas también han sido fuente de inspiración para muchos poetas, narradores o dramáticos. Cuántos poetas no han ofrecido una estrella como regalo de amor, cuántos no han asociado a su amada como la más bella estrella, cuántos no se han expresado en términos de amar tanto como estrellas hay en el firmamento.
     Y es que las estrellas han sido usadas para metaforizar tantas cosas. De esta manera los grandes actores son llamados las grandes estrellas o las luminarias del cine. Los grandes deportistas son llamados también las grandes estrellas. Entonces todo aquel que se destaque en algo que brille es una estrella.
      Pero aparte de que por su brillo se les compare con los humanos hay otras características que comparten. Al igual que los hombres las estrellas nacen, crecen y luego mueren.
     Antes de que la ciencia avanzara se creía que las estrellas eran simples puntitos luminosos que brillaban en el cielo. Luego con su avance se descubrió todo el proceso de vida de uno de estos puntitos luminosos. Las estrellas nacen en grandes nubes de gas interestelar desperdigadas por el espacio: las nebulosas. El modelo más simple de su nacimiento explica que en las nebulosas hay zonas que, al ser algo más densas que las otras, empiezan a atraer más y más gas por efecto de la gravedad. La gravedad es más intensa cuanto mayor sea el cuerpo que la origina. A medida que estas zonas acumulan más y más gas, su tamaño aumenta y su gravedad también. La gravedad es la causa que las estrellas nazcan.
     La vida de una estrella depende de la cantidad de combustible que tenga y del ritmo al cual lo consuma. Una estrella muy grande, como una gigante azul, tiene mucho hidrógeno para quemar. Pero lo hace a tal velocidad que su vida es corta, mucho más corta que la de estrellas más pequeñas como el Sol. En menos de unos pocos centenares de millones de años un gigante azul puede consumir todo su hidrógeno, mientras que las estrellas más modestas pueden respirar tranquilas durante 5.000 millones de años.
     Las estrellas de masa pequeña acaban dejando un residuo frío y denso, que se denomina enana blanca. Algunas de las estrellas de masa más grande también dejan, después de una explosión espectacular, una enana blanca. Pero algunas dejan unos restos más interesantes: las estrellas de neutrones. Son estrellas de unos 10 kilómetros de diámetro, pero extremadamente densas, que giran a una velocidad enorme. Las más grandes se convierten en algo que no es ni una enana blanca, ni una estrella de neutrones, sino uno de los objetos más exóticos del Universo: los agujeros negros.
            Y la ciencia continúa avanzando. Recientemente nació una herramienta de Internet que les permite a los usuarios acercarse, por medio de los satélites,  a una estrella o constelación. El reto del viaje, por lo menos solo mediante imágenes, está resuelto. El hombre puede llegar ya a ver lugares que antes ni imaginado se lo tenía.
     Aun así, nunca debe perderse esa interesante actividad de mirar hacia el cielo nocturno y observar detenidamente a los astros brillantes.
     No me extraña entonces, la costumbre de este príncipe que gustaba de ver las estrellas, ya sea si pensaba que eran fogatas que estaban muy lejos o si eran dioses, o bien personas que mueren y se van al cielo.
     Observar las estrellas puede ser una costumbre muy antigua que seguramente la inició el primer hombre de la tierra, y nunca la abandonamos. Mientras más las miramos, más ganas nos van a dar de alcanzarlas.