viernes, 12 de abril de 2013


Similitudes y diferencias entre la novela y el cuento


                Vieja e importante controversia es la que suscita este tema. Son la novela y el cuento dos géneros de gran riqueza literaria. La novela, en su acepción actual tiene ya más de  cuatro siglos de ser cultivada, fue en 1605 cuando vio la luz la primera parte del Quijote. El cuento es bastante más antiguo, gracias a su fácil forma de transmisión por el medio oral. El cuento llamado popular se remonta a tiempos inmemorables. Pero el cuento literario, propiamente dicho, no fue sino hasta en el siglo XIX que se empezó su cultivo. El siglo XIX es el gran siglo del cuento, solo con hacer mención de nombres tan significativos como los de Maupassant, Chejov, Edgar Allan Poe, etc. nos dan cuenta de ello.
La novela y el cuento se diferencian a primera vista por su extensión. El cuento es un relato corto, y la novela un relato largo –excluyamos acá a la novela corta, que por extensión es similar al cuento y en ocasiones más corta–. Pero a segunda, tercera vista, las diferencias son más y significativamente complejas. Y es que antes del siglo XIX el cuento era visto sin la importancia que merece. Valiéndose de su pequeña extensión se le juzgaba de no poder contener la belleza, intensidad, emoción que en la gran extensión de una novela es, a veces, más escasa. Veamos pues esas significativas diferencias y también similitudes que hay entre ambos géneros.
Se han hecho equiparaciones que nos dejan muy claro con tan solo una palabra o una expresión muy corta, lo que la novela es al cuento y viceversa. El gran Cortázar hizo dos de magistral manera:
 “En ese sentido, la novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que una película es en principio un “orden abierto”, novelesco, mientras que una fotografía lograda presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo utiliza estéticamente esa limitación.”   
Sabiendo interpretar esto de buena manera habremos entendido muy importantes  características de ambos géneros. El fotógrafo como el cuentista se ven limitados. En una sola imagen el fotógrafo debe impactar. En unas cuantas páginas el cuentista debe sorprender. En cambio el cineasta, como el novelista, puede ir acumulando esas impresiones para, al final de unas cuantas, causar una o varias sorpresas. El cineasta tiene minutos, horas de filme para causar impacto. El novelista tiene cientos, si quiere miles de páginas para causar sorpresa.  Y la otra equiparación, que no es tan conocida como la otra, pero que a mí me gusta más:
“Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por Knock-out.      
El boxeador noqueador como el cuentista se ven también limitados. Desde el primer asalto, el boxeador, si quiere sorprender, se ve obligado a noquear. Desde la primera línea, el cuentista, si quiere impactar, se ve obligado a inyectar intensidad. En cambio un boxeador debe combatir largo, como un novelista tienen menos limitación. Este boxeador tiene hasta doce asaltos para, a lo largo de ellos ganar por puntos. El novelista puede a lo largo de muchos capítulos, con muchas páginas cada uno,  ir sumando puntos para sorprender.  
Entonces, vistas estas contribuciones tan eficaces de Cortázar, de cierta manera se puede decir que la novela tiene un punto a su favor, ya que acá se suma a la lista de enemigos del cuento al TIEMPO. El tiempo visto desde el punto de vista del lector. En el momento de estar efectuándose la lectura, la primera línea de un cuento debe de tener elementos que hagan al cuento intenso de principio a fin, ya que solo se dispone de una sentada para leerlo, de media a dos horas, decía Poe. En cambio en la novela se pueden hacer pausas en la lectura y retomarla luego de un descanso. El lector podrá sentirse defraudado por el primer capítulo de una novela y al segundo sentirse muy atento. Es más en muchas, si no es que en todas las novelas, es necesario hacer esas pausas. Lo menciona el estudioso español especializado en el análisis de las formas narrativas, Mariano Baquero Goyanes:
“No siempre es la mejor novela la que se lee de un tirón –esto queda reservado para tantos vulgares y efímeros best-sellers– y, como el buen aficionado al género sabe, es grato suspender la lectura de una gran novela, para que pueda producirse así la necesaria sedimentación emocional durante las pausas. Éstas cumplen también su función estética, por más que no siempre tengamos conciencia de ello. Equivaldría a desvirtuar el efecto de novelas como Guerra y paz de Tolstoy, o Retrato de una dama de Henry James, el leerlas de un tirón. En cambio, un buen cuento, un relato de Clarín, de Chejov, de Borges, sí ha de leerse forzosamente de un tirón, ya que cualquier dilatada pausa estropearía el efecto emocional y estético de la narración.”
Al revisar con detenimiento lo antes citado de Cortázar, menciona Baquero, el cuento recibe ciertas características que son: condensación, instantaneidad, compacidad emocional y estética. Son estas características lo que hacen al cuento según Cortázar, “hermano místico de la poesía.” Y no son sólo Cortázar y Baquero los que han notado esto. Emilia Pardo Bazán, anota también en el prólogo de sus Cuentos de amor: “Noto particular analogía entre la concepción del cuento y de la poesía lírica: una y otra son rápidas como un chispazo y muy intensas –porque a ello obliga la brevedad, condición precisa del cuento–. Cuento original que no se concibe de súbito, no cuaja nunca.” Lo notó también Azorín al decir: “el cuento es a la prosa lo que el soneto al verso”.
 Para no desviarnos tanto de lo que nos compete que es cuento y novela cito a Alberto Moratavia: “Este encanto, el del cuento, es de una muy compleja especie: procede de un arte literario sin duda más puro, más esencial, más lírico, más concentrado y más absoluto que el de la novela.”

A todo lo discernido arriba, quiero concluir en la definición que hace Baquero del género cuento que engloba todo lo dicho: El cuento es un preciso género literario que sirve para expresar un tipo especial de emoción, de signo muy semejante a la poética, pero que no siendo apropiada para ser expuesta poéticamente, encarna en una forma narrativa próxima a la de la novela, pero diferente de ella en técnica e intención. Se trata pues de un género intermedio entre poesía y novela, apresador de un matiz semipoético, seminovelesco, que sólo es expresable en las dimensiones del cuento. 

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