Similitudes y diferencias entre la novela y el cuento
Vieja
e importante controversia es la que suscita este tema. Son la novela y el
cuento dos géneros de gran riqueza literaria. La novela, en su acepción actual
tiene ya más de cuatro siglos de ser
cultivada, fue en 1605 cuando vio la luz la primera parte del Quijote. El cuento
es bastante más antiguo, gracias a su fácil forma de transmisión por el medio
oral. El cuento llamado popular se remonta a tiempos inmemorables. Pero el
cuento literario, propiamente dicho, no fue sino hasta en el siglo XIX que se
empezó su cultivo. El siglo XIX es el gran siglo del cuento, solo con hacer
mención de nombres tan significativos como los de Maupassant, Chejov, Edgar
Allan Poe, etc. nos dan cuenta de ello.
La novela y el
cuento se diferencian a primera vista por su extensión. El cuento es un relato
corto, y la novela un relato largo –excluyamos acá a la novela corta, que por
extensión es similar al cuento y en ocasiones más corta–. Pero a segunda,
tercera vista, las diferencias son más y significativamente complejas. Y es que
antes del siglo XIX el cuento era visto sin la importancia que merece.
Valiéndose de su pequeña extensión se le juzgaba de no poder contener la
belleza, intensidad, emoción que en la gran extensión de una novela es, a veces,
más escasa. Veamos pues esas significativas diferencias y también similitudes
que hay entre ambos géneros.
Se han hecho
equiparaciones que nos dejan muy claro con tan solo una palabra o una expresión
muy corta, lo que la novela es al cuento y viceversa. El gran Cortázar hizo dos
de magistral manera:
“En ese sentido, la novela y el cuento se
dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que
una película es en principio un “orden abierto”, novelesco, mientras que una
fotografía lograda presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte
por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo
utiliza estéticamente esa limitación.”
Sabiendo
interpretar esto de buena manera habremos entendido muy importantes características de ambos géneros. El
fotógrafo como el cuentista se ven limitados. En una sola imagen el fotógrafo
debe impactar. En unas cuantas páginas el cuentista debe sorprender. En cambio
el cineasta, como el novelista, puede ir acumulando esas impresiones para, al
final de unas cuantas, causar una o varias sorpresas. El cineasta tiene
minutos, horas de filme para causar impacto. El novelista tiene cientos, si
quiere miles de páginas para causar sorpresa. Y la otra equiparación, que no es tan conocida
como la otra, pero que a mí me gusta más:
“Un escritor
argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla
entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos,
mientras que el cuento debe ganar por Knock-out.
El boxeador
noqueador como el cuentista se ven también limitados. Desde el primer asalto,
el boxeador, si quiere sorprender, se ve obligado a noquear. Desde la primera
línea, el cuentista, si quiere impactar, se ve obligado a inyectar intensidad.
En cambio un boxeador debe combatir largo, como un novelista tienen menos
limitación. Este boxeador tiene hasta doce asaltos para, a lo largo de ellos
ganar por puntos. El novelista puede a lo largo de muchos capítulos, con muchas
páginas cada uno, ir sumando puntos para
sorprender.
Entonces,
vistas estas contribuciones tan eficaces de Cortázar, de cierta manera se puede
decir que la novela tiene un punto a su favor, ya que acá se suma a la lista de
enemigos del cuento al TIEMPO. El tiempo visto desde el punto de vista del
lector. En el momento de estar efectuándose la lectura, la primera línea de un
cuento debe de tener elementos que hagan al cuento intenso de principio a fin,
ya que solo se dispone de una sentada para leerlo, de media a dos horas, decía
Poe. En cambio en la novela se pueden hacer pausas en la lectura y retomarla
luego de un descanso. El lector podrá sentirse defraudado por el primer
capítulo de una novela y al segundo sentirse muy atento. Es más en muchas, si
no es que en todas las novelas, es necesario hacer esas pausas. Lo menciona el
estudioso español especializado en el análisis de las formas narrativas,
Mariano Baquero Goyanes:
“No siempre es
la mejor novela la que se lee de un tirón –esto queda reservado para tantos
vulgares y efímeros best-sellers– y,
como el buen aficionado al género sabe, es grato suspender la lectura de una
gran novela, para que pueda producirse así la necesaria sedimentación emocional
durante las pausas. Éstas cumplen también su función estética, por más que no
siempre tengamos conciencia de ello. Equivaldría a desvirtuar el efecto de
novelas como Guerra y paz de Tolstoy,
o Retrato de una dama de Henry James,
el leerlas de un tirón. En cambio, un buen cuento, un relato de Clarín, de
Chejov, de Borges, sí ha de leerse forzosamente de un tirón, ya que cualquier
dilatada pausa estropearía el efecto emocional y estético de la narración.”
Al revisar con
detenimiento lo antes citado de Cortázar, menciona Baquero, el cuento recibe
ciertas características que son: condensación, instantaneidad, compacidad
emocional y estética. Son estas características lo que hacen al cuento según
Cortázar, “hermano místico de la poesía.” Y no son sólo Cortázar y Baquero los
que han notado esto. Emilia Pardo Bazán, anota también en el prólogo de sus Cuentos de amor: “Noto particular analogía
entre la concepción del cuento y de la poesía lírica: una y otra son rápidas
como un chispazo y muy intensas –porque a ello obliga la brevedad, condición
precisa del cuento–. Cuento original que no se concibe de súbito, no cuaja
nunca.” Lo notó también Azorín al decir: “el cuento es a la prosa lo que el
soneto al verso”.
Para no desviarnos tanto de lo que nos compete
que es cuento y novela cito a Alberto Moratavia: “Este encanto, el del cuento,
es de una muy compleja especie: procede de un arte literario sin duda más puro,
más esencial, más lírico, más concentrado y más absoluto que el de la novela.”
A todo lo
discernido arriba, quiero concluir en la definición que hace Baquero del género
cuento que engloba todo lo dicho: El cuento es un preciso género literario que
sirve para expresar un tipo especial de emoción, de signo muy semejante a la
poética, pero que no siendo apropiada para ser expuesta poéticamente, encarna
en una forma narrativa próxima a la de la novela, pero diferente de ella en técnica
e intención. Se trata pues de un género intermedio entre poesía y novela,
apresador de un matiz semipoético, seminovelesco, que sólo es expresable en las
dimensiones del cuento.
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